Imagen del consejero Ossorio con un grupo de jóvenes

Madrid ha triplicado la caída española de las pruebas PISA y el revés deja a su Gobierno autonómico desnudo. Con el PIB per cápita más alto de España (34.916 euros), esta región con 1,2 millones de alumnos —la última en inversión y la primera en segregación escolar— hasta el pasado martes fiaba su crédito a PISA. Había motivos de orgullo, en 2015 fueron segundos de España en ciencias y cuartos en matemáticas, un asidero al que el PP se agarraba cuando se le reprochaba ser la más rácana con sus escolares (3.945 euros por estudiante, la media española es de 4.879). Pero esta evaluación ahora les pinta como mediocres, novenos, y su Gobierno está en armas contra la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Se acabó el idilio con Andreas Schleicher, jefe de PISA, quien hace tres años presentó los resultados de Madrid en su sede. PISA era entonces el santo grial, ahora su consejero Enrique Ossorio habla de una “misteriosa caja negra”.

En septiembre, la Consejería de Educación conoció sus notas en PISA y tardará en sobreponerse. Los resultados en matemáticas (503) no han sido buenos —han bajado 17 puntos—, en ciencias (487) dramáticos —29 puntos menos, el equivalente a retrasarse un curso—. La OCDE ha suspendido la publicación de la prueba de lectura en toda España por un “comportamiento inverosímil en las respuestas” en uno de los ejercicios, pero niega que este haya contaminado los resultados de matemáticas o ciencias. A una parte de los alumnos se les estimó la nota sin responder al examen, en función de una estimación en la que una de las variables era la prueba de lectura y por ese motivo la Comunidad exigió sin éxito que no se publicasen.

¿Cómo se explica el descalabro? Es pronto pero sobre la mesa se plantean varios factores. El consejero Ossorio, más allá de la “contaminación” de los ejercicios, subraya que “la nueva prueba PISA ha perjudicado a los países y regiones con buenos resultados —Finlandia, Alemania, Reino Unido o Madrid— y ha beneficiado a los que los tenían malos”, porque ya no hay un test especial para los países en vías de desarrollo.

“Que la asignatura de ciencias se imparta en más del 40% de los institutos de Madrid en inglés puede estar detrás de esta fuerte bajada de 29 puntos”, estima Isabel Galvín, secretaria de Enseñanza de CC OO en Madrid. Matemáticas, que ha descendido menos en la evaluación, se enseña en castellano. “Hay niños que no pueden estudiar ciencias naturales y sociales solo en inglés porque no son capaces de asimilarlas en su lengua”, escribe en un blog educativo Carmen Marcos Salazar, profesora de un colegio público bilingüe. “En vez de ayudarles, les ponemos un escollo más en su formación. Este se podía salvar añadiendo profesores de compensatoria y pedagogía terapéutica con conocimientos de inglés y con un cambio en la metodología que permitiera trabajar de forma visual y práctica con grupos muy pequeños”, prosigue.

Esperanza Aguirre fulminó el departamento de Estadística de la consejería y muchos denuncian que es imposible acceder a cualquier información. La OCDE se sorprendió por la tardanza de Madrid en detectar las anomalías y la consejería le reconoció que son pocos. De haber sido buenos los datos, de hecho, confiesan que ni los hubiesen ojeado. La Comunidad pagó 220.000 euros a la OCDE por la ampliación de la muestra. “Lo que no puede ser es que antes sacasen pecho y ahora no crean los datos”, opina José Antonio Martínez, expresidente de la federación que agrupa a los directores de los centros públicos (FEDADi).

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