Imagen de Kathleen McGinn

Si se pregunta a hombres y mujeres que trabajan en grandes organizaciones cómo definirían su carrera profesional, las respuestas más habituales serán, en ellos, que ha sido “exitosa” y “motivadora”, mientras que ellas probablemente la tildarán de “desafiante” y “frustrante”. Estas respuestas, que forman parte de un estudio de la Universidad de Harvard, son solo una pequeña muestra de que la igualdad de género en los puestos de trabajo, aunque en los últimos lustros ha avanzado mucho, todavía está muy lejos de ser una realidad. Empezando por la brecha salarial y siguiendo por la carga extra y no compartida que, a menudo, supone el intento de tener una conciliación familiar. De todo ello habló ante más de 2.000 empresarios y directivos Kathleen McGinn, profesora de Harvard, en la reunión anual de los antiguos alumnos de IESE en Barcelona.

La docente, que cree duras aunque frecuentes imágenes como la de Christine Lagarde como única fémina del equipo del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo, señala el enorme beneficio de tener a mujeres en roles destacados. “Que haya muchos hombres y una mujer esté al frente significa que se pueden cambiar las cosas, y que seguramente ella podrá cambiarlas aún más”, afirma.

Según McGinn, uno de los retos para seguir avanzando en la inclusión es que las empresas y las organizaciones se den cuenta de que tener equipos diversos es beneficioso para las cuentas de resultados, y que no se convierta solo en un gesto o una forma de cumplir con las cuotas de lo políticamente correcto.

“Que quede claro: yo creo que las empresas tienen que ser diversas porque es lo moralmente correcto, pero también creo que hay algunos sitios en los que, hasta que no lo vean en términos numéricos, no se convencerán”, aclara. Estos beneficios, explica, son varios: primero, con la inclusión de género se emplea a más personas, cosa que implica más consumo y una economía más dinamizada; pero lo más importante es que las empresas que tradicionalmente solo tenían hombres, tienen en la contratación de mujeres en puestos relevantes una ventana a puntos de vista que no conocían, dinámicas que no eran las habituales. Y ello solo puede llevar a aumentar los beneficios. Solo en España, la brecha de género hace que se pierda el 15% del producto interior bruto, según la ministra de Economía, Nadia Calviño.

“La diversidad incrementa la competitividad, y las organizaciones están empezando a entender que tienen que invertir en igualdad de género, porque es un bien para el negocio”, argumenta esta profesora especializada en administración de empresas, gestión de conflictos y género. “Las organizaciones que tienen éxito no son aquellas que hacen las cosas porque sí. Son las que identifican sus problemas y sus carencias, por ejemplo más presencia de talento femenino, y entienden que realmente importa para el negocio”, abunda McGinn, que considera que en esta ecuación también hay que pensar en la inclusión de etnias y religiones. “Cuanto más diverso es un grupo, más creativo es porque hay más contextos y visiones entrelazadas, y por lo tanto más probable es el éxito”, señala.

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